sábado, 5 de julio de 2008



CRISIS DE LACTANCIA

Si bien cada mamá y cada bebé son únicos, y mantienen una relación irrepetible, a lo largo de la lactancia existen ciertas situaciones que pueden producirse, y prevenirse, y que son comunes a muchas mamás.

A los pocos días de producido el nacimiento, todas las mamás experimentan la “bajada (o subida) de la leche”, que se caracteriza por la congestión de los pechos y por sensaciones que van desde una mínima molestia hasta la fiebre alta que obliga a guardar reposo. Casi todas sentimos que estamos llenas de leche en ese momento, y la succión del bebé ayuda a aliviar esta tensión.

Algunas mamás siguen durante varios días sintiendo congestión, viendo chorrear un pecho mientras el bebé mama del otro.

Pero hay una situación muy frecuente que consiste en sentir los pechos blandos, flojos, que no se llegan a poner turgentes para cuando “le toca” comer al bebé, ( por lo general a la tardecita, o a la noche) ya no chorrea la leche, y la mamá empieza a sentir y a recibir comentarios tales como “se te está yendo la leche”, “ya no le alcanza”, etc.

Esta situación es perfectamente normal. Ocurre porque de a poco se va ajustando el ritmo de mamadas del bebé con la producción de leche de la mamá. Esta NO ES una crisis de lactancia. Es una situación normal y esperable, que indica que mamá y bebé han ajustado sus ritmos y una produce lo que el otro necesita.

¿Qué es una crisis de lactancia?

Aunque el nombre asuste o de idea de gravedad, una crisis de lactancia es simplemente un desfasaje entre las necesidades de alimentación del bebé, y la producción láctea de la madre. Esto quiere decir que el bebé necesita más alimento del que produce su madre, porque está en un período de mayoor crecimiento, entonces sabiamente, pide comida con más frecuencia para estimular a su mamá a producir más leche.

¿Cómo nos damos cuenta de que estamos frente a una de estas crisis?

Observando a nuestro hijo. De pronto, un bebé que mamaba a intervalos más o menos regulares, que dormía entre mamadas y pasaba alerta los ratos en que estaba despierto, comienza a llorar más de lo habitual, a pedir comida más seguido, a dormir menos ( o mucho más, en casos muy extremos). La mamá siente sus pechos flojos, está agotada, y todo esto coincide generalmente con un aumento de actividad de la mamá. Además, si pesamos a nuestro bebé, vemos que no aumenta de peso.

¿Y entonces?

Entonces, como primera medida, nos tranquilizamos. Porque esto es algo pasajero, y en unos días todo volverá a la normalidad. La leche de mamá siempre es de excelente calidad, siempre alcanza si se estimula adecuadamente. Es importante que estemos convencidas de que nuestro bebé no va a morir de hambre mientras se restablece nuestra producción, y que podemos ponerlo al pecho todo el tiempo que queramos, aunque los sintamos “flojos”o vacíos. Esto hará que el bebé deje de llorar y nos tranquilizará más.

Debemos resistir la tentación de darle mamaderas al bebé, porquue al tomar de la tetina se va acostumbrando a otro tipo de succión, más débil ( porque sale más leche por el orificio de la mamadera y con menos esfuerzo), y entonces al ponerlo en el pecho, esta succión débil no alcanza para estimular a la mamá.

Si la tentación de agregar un complemento persiste, y si el pediatra lo ha indicado, se puede ofrecer la leche con una cucharita, con un vasito ( del tipo tapita de jarabe) o poner al bebé al pecho y deslizar con un gotero la leche preparada, de manera que caiga en los labios del bebé y que este siga estimulando a su mamá mientras succiona el pezón. Existe aún otra posibilidad que sería el uso del relactador. Hablaremos de él en los siguientes números, pero lo menciono para mostrar que no es imposible recuperar la producción.

¿Qué puedo hacer mientras tanto?

· Poner al bebé a mamar más seguido. No es necesario esperar tres horas entre mamadas. Pasados 45 minutos desde la mamada anterior, la mamá y el bebé están en condiciones de comenzar de nuevo. No quiero decir que este sea el intervalo ideal, pero poner al bebé al pecho cada hora y media o cada dos, ayuda a restablecer la producción de leche.

· Acortar la duración de las mamadas. Todas tendemos a dejar al bebé durante horas colgado del pecho, creyendo que de esta manera comerá más. Una mamada de un bebé que no aumenta de peso, no debería durar más de 10 minutos de cada lado, dependiendo de la edad del bebé. Un bebé que se adormece y empieza a espaciar las succiones, debe ser cambiado de lado. Mamadas cortas y frecuentes son la solución segura para superar estas crisis.

· Tomar mucho líquido. Esto ayuda a recuperar la producción láctea. Descanso y dedicación exclusiva al bebé completan la receta. Este no es el momento de ser buenas anfitrionas ni de demostrar nuestras habilidades culinarias. Aprendamos a delegar actividades y a pedir ayuda. Todas las demás cosas pueden esperar o pueden ser hechas por otra persona. Alimentar a nuestro bebé sólo podemos hacerlo nosotras.

· Tener al bebé piel con piel todo el tiempo posible, aunque no esté mamando. El uso de mochilas portabebés, kepinas, mampunas, puede ser de gran ayuda.

· Elegir los consejos que vamos a tomar. Todas las personas tienen opiniones válidas que generalmente se contradicen estre sí. No sigamos ningún consejo que nos parezca raro o que no va con nosotras. Nada mejor en estos casos que escuchar nuestra sabiduría interior.

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